• Dior

Memoria de Ocampo para la Academia de Arquitectura y Urbanismo, AcAU.


EDIFICIO OCAMPO

Tu casa en altura

Memoria por Diorella Fortunati





Reflexiones de nuestro hacer

Observando la obra construida nos preguntamos: ¿Qué es la flexibilidad arquitectónicamente hablando? ¿Es sinónimo de arquitectura efímera? ¿Sólo puede lograrse con sistemas de construcción en seco? En todo caso ¿es un atributo positivo?

Consideramos que flexibilidad es adaptación, y en términos biológicos la adaptación es el proceso por el que un organismo se acomoda al medio ambiente y a los cambios de éste. Por tanto, su connotación es positiva viviendo en tiempos donde el entorno y nosotros mismos cambiamos con celeridad. Si cambia el hombre y su medio, ¿no debe cambiar con él la arquitectura? Esto no quiere decir que los espacios generados bajo esta ideología estén carentes de significado, la caracterización del límite arquitectónico entre adentro y afuera, entre público y privado, aquellos que por ordenanzas son permanentes y anclados a su sitio, cargan de sentido el espacio interior.

Creemos que el aporte de esta obra está íntimamente relacionado a la flexibilidad espacial bajo un sistema aparentemente rígido de trama tridimensional generado mediante una técnica tradicional: el hormigón elaborado para resolver la estructura y la mampostería para los cerramientos.

La idea de movilidad de los cerramientos en este proyecto se potencia sin alterar la secuencia vertical de núcleos húmedos y circulatorios, de esta forma logramos diversidad de viviendas por piso, a través de un sistema y no de una pieza caprichosa, lo que sustenta que las tipologías puedan seguir modificándose en el tiempo al igual que sus habitantes.

La estructura acompaña esta idea disminuyendo los apoyos, valiéndose de las cualidades del hormigón armado y la natural disposición del peso de toda estructura en equilibrio. Se fuerza el material sometiéndolo a flexión mientras acomodamos el peso en el centro, o corazón del proyecto como nos gusta llamarlo, liberando las extremidades, que se expresan en ménsulas y losas en voladizo de tres metros y medio, con espesores aparentemente irrisorios, delirantes: quince centímetros. El sistema de circulación vertical situado en el centro y de la misma materialidad se transforma así en el pie de una balanza en equilibrio. Mientras, la materialidad con su encofrado de tablas y su color pétreo, logra cargar de un nuevo sentido al elemento: “un bloque pesado que flota”


En cuanto al reconocimiento de nuestro trabajo como un oficio disciplinar y las evidencias que encontramos de esta formación en la obra construida decidimos enfocarnos en el significado de la palabra oficio[1] que en su etimología proviene de las palabras: servicio, función, préstamo, artesano, obra, hacer. Mientras que la disciplina, según la RAE[2] es la instrucción de una persona especialmente en lo moral. Entonces: ¿Qué destaca nuestro hacer moral como profesionales en esta obra?

Edificio Ocampo es el sueño de una arquitecta joven e idealista, y por tanto obtusa y poco permeable. Aprendimos y crecimos en el transcurso de esta obra, aprendimos que el entorno no es sólo los datos duros a tener en cuenta de la realidad física sino también la realidad intangible, aquella que mueve las masas y los pensamientos colectivos, el mercado inmobiliario. A veces pensamos que es irrepetible este proyecto porque conlleva una fuerza de voluntad ilusa que sólo dura unos años, y no por la voluntad, sino por la “ilusión”. La ilusión consiguió convencer a inversores de llevar adelante este proyecto teniendo en cuenta valores como: Sesión del espacio público, equilibrio entre tipologías y su ubicación en la obra independientemente de sus metros cuadrados y por tanto de su valor monetario, bajo mantenimiento, austeridad, diversidad funcional, independencia, privacidad, espacios comunes de intercambio entre habitantes a modo de vecindad, vegetación como material de construcción, confort térmico mediante el estudio del asoleamiento y el entorno. Cada uno de esos valores se convirtió en un espacio, una fachada, una técnica, una manera de relacionarse con la ciudad, un límite arquitectónico difuso, un detalle… todas las herramientas profesionales se expresan en la obra tras estos conceptos, tras esa ilusión.


El entorno y nuestra respuesta

La ciudad, mejor dicho, el conurbano bonaerense, es el límite y contexto donde se posa la obra. Ahí comienzan y terminan los servicios, los cables colonizan el cielo con los árboles cortados por Edenor[3], ahí conviven los ancianos con changuitos de tela y los grandes desarrolladores inmobiliarios, la corrupción con sus cambios de código urbano y la vecindad de casas con jardín y molinos. Ituzaingó es un límite cambiante e irregular como la orilla del mar, que nunca repite la misma huella, y va dejando capa tras capa nueva información compleja. Este sector de ciudad lo modifican constantemente sus componentes: quienes venden sus casas con nuevas sombras derramadas en los parques y quienes proyectan bajo un código que genera edificios en torre separados por seis metros de su futuro vecino.

Cuando iniciamos el proyecto, en el 2015, eran pocas las construcciones en altura en nuestro derredor, nos dio pena quitar la araucaria enorme que tenía el fondo de la casa naranja que compraron para hacer Ocampo. Desde siempre se llamó así por la escritora argentina bien conocida como oveja negra de la familia[4]. Hacía poco había cambiado el código de planeamiento y contábamos sólo con una copia del mismo con la palabra borrador en mayúsculas sobre todas sus hojas, con lo cual, cada decisión proyectual debía someterse a correcciones de la oficina de planeamiento, pensamos que nunca terminaría este proceso, el edificio es una franca respuesta a los condicionantes urbanos de ese momento, que por supuesto cambiaron dos veces antes de iniciar la obra y ahora permiten construir aún más altura y más FOT.

Aceptamos entonces que con sus seis niveles seria visible en todas sus caras y no sólo en lo que se considera frentes de un lote en esquina. Al mismo tiempo debía adaptarse al presente y al futuro vertiginoso del resto de proyectos en la zona. Nuestro vecino con molino pronto se convertirá en un balcón a escasos metros, así como la expansión con tilos del primer piso deja ver en invierno el nuevo edificio que habilita el código actual con sus diez pisos de altura.

Propusimos un edificio que sobretodo: tome la esquina, que no la niegue, que rote, que se valga de sus cuatro orientaciones libres y por tanto de toda la variación del día y del entorno a su disposición desde sus vanos.

El mayor aporte en una ciudad donde todo es privado, donde el otro es una sospecha, fue ceder los retiros obligatorios de la planta baja al uso público y proveerlo de nueva vegetación, de un soporte para que se desarrolle en él la vida de ciudad: un solado cambiante y de bajo mantenimiento, un estanque, un banco corrido de hormigón, maceteros, medianeras desnudas de rejas y vestidas con enredaderas, semicubiertos de vigas de hormigón, bebederos, intriga, asomarse, sentarse, fumar, pasear al perro, apoyar las bolsas de las compras. Una superficie total de 210 m2 es ahora pública cuando antes era privada y dejaba ver una casa naranja entre rejas. Es nuestra disculpa por haber sacado a la ciudad la araucaria del fondo.


El encargo y la resolución programática

Los clientes encargaron un edificio de viviendas con un zócalo gastronómico-comercial, mientras el municipio reclamaba de una a dos cocheras por vivienda según su superficie. Los comitentes destacaron como fundamental la flexibilidad. No como término arquitectónico sino como habilidad de adaptarse en el tiempo al mercado aún desconocido. La respuesta fue un sistema que permitiera tener de cuatro hasta dos unidades por piso, siempre con expansiones semicubiertas a modo de patios, lo cual garantizaba que tanto una vivienda de 40 m2 como una de 100 m2 gozaran de la misma calidad espacial y proporción de expansión, así como de la orientación y visuales, sin categorizarlas por su valor inmobiliario. La propuesta surtió efecto de inmediato, basados en el FOT máximo (es decir en las limitaciones para aumentar los espacios cubiertos) propusimos espacios intermedios sin aparente función anexados a la circulación vertical siempre semicubierta, proporcionando ensanches en el recorrido general del edificio, provistos de bancos corridos y vegetación.

En cuanto a la planta baja, resolvimos generar un solo nivel entre interior y exterior haciendo que ambos locales se valgan de los retiros obligatorios como expansión (esto cobró nuevo sentido con los cambios sufridos tras la pandemia) y destacamos el acceso independiente a las viviendas con un artefacto que genera rampa, escalera, espejo de agua y brinda privacidad al hall elevándolo setenta centímetros del cero y discriminando el acceso diario a las viviendas del uso de esparcimiento propuesto para la vereda.

La opción que terminamos eligiendo y presentando al municipio de este primer sistema flexible, cuenta con un total de trece viviendas auténticas, únicas, con los nombres de Árboles de Buenos Aires[5]. Cada una con su distinción, su particularidad, al igual que nosotros. Pensamos que la vivienda debe identificar, por eso son entre ellas tan heterogéneas, unidas mediante la materialidad austera y el uso de vegetación.

Comenzando por las viviendas para una o dos personas, propusimos Tilo (3), Gynkgo (2) y Jacarandá (1), en total seis viviendas distribuidas del primer al cuarto piso, dos de ellas en la esquina, todas con expansiones generosas y múltiples. Fue primordial que contaran con diversos espacios al exterior, diferentes atmósferas, por ejemplo: más privados, más expuestos, guarecidos, con vista al cielo, más o menos conectados con la vía pública y su bullicio vivo. La mayor diferencia entre estas tres tipologías es el uso de los servicios y el espacio de trabajo que se adosa en la variante Jacarandá.

Propusimos también viviendas para tres o cuatro personas, entendiendo que estos grupos son aún más diversos, desde grupos familiares, amigos, o solitarios con eventos temporales. De ahí surgen Aguaribay (3) y Paraíso (2). Dos propuestas completamente disimiles, donde una separa los dormitorios privados y en suite distanciados por el espacio social, y la otra vincula el espacio privado y lo separa del social.

Al principio Aguaribay, esa tipología que pensamos para padres o amigos que optan por la intimidad, tuvo baja aceptación de los comitentes, porque no asimilaban que esa fuera una propuesta válida, “los dormitorios con los dormitorios, separados del estar y la cocina”[6]suelen decir. Hoy en día es el departamento más buscado y el más rápido vendido.

“Pienso que es lindo salir del dormitorio al estar y que el mismo sea una expansión del primero, me imagino en pijamas prolongando la mañana en ese espacio estanco que fomenta lecturas en silencio y tazas de café.”[7]

Por último, propusimos también dos tipologías para seis personas, Ceibo (1) y Acacia (1) dispuestas en el primer y segundo piso por su densidad. El edificio va desintegrándose con vacíos a modo de pulmón mientras crece hacia el cielo. Ambas son flexibles, Acacia se exhibe con tres dormitorios de los cuales uno es en suite, cuenta aparte con un baño completo, un toilette y un lavadero. Mientras que Ceibo, sin dudas la propuesta más atípica y controversial, propone dos dormitorios y una biblioteca/estudio con una altura y media orientado al sudeste. El mismo está equipado con un toilette y acceso independiente desde el palier, pensado para profesionales que trabajan desde sus casas, talleristas, emprendedores con showroom, etc que puedan funcionar con acceso exclusivo sin intervenir en la vivienda y al mismo tiempo sin volverse un espacio anexado a ella, la biblioteca es el corazón que vincula el área privada y la social, por tanto, quienes no requieran usarla de modo independiente pueden atravesarla como escritorio de la casa al tiempo que ilumina es resto de ambientes como una gran linterna.

El estacionamiento requerido, dieciocho vehículos, se resolvieron en un subsuelo de la superficie del lote completo tomando con una estructura intermediaria las cargas del edificio aislado en el centro. Se destacaron dos puntos de luz natural y cenital, uno frente a la rampa de acceso mediante una garganta que baña de luz la medianera y otro focal en el recorrido de la escalera que comunica con el hall, destacando así el palier del subsuelo.

El remate del edificio es una gran sala de máquinas de hormigón, nuevamente haciendo equilibrio sobre la caja de ascensor en voladizo hacia los cuatro lados, generando el único semicubierto de esta terraza común provista con parrilla, cocina, toilette y sector de playa húmeda.

El espacio

El edificio es, a escala urbana, una masa horadada mediante un sistema geométrico estructural, donde prevalecen tres grandes vacíos. Uno genera el acceso y los otros dos acompañan los laterales de la escalera. A la vez, dicho sistema permite transparencia de medianera a medianera en su planta baja y va negando los sectores que requieren privacidad en altura. Por tanto, tiene una expresión en planta y otra en fachada, generando espacios heterogéneos.

A escala humana, desde la vivencia peatonal, el edificio es un espacio fluido y continuo entre interior y exterior proponiendo límites y contactos diversos con las visuales, el afuera, el recorte del mundo exterior. Es un recorrido de luces e indicios que van guiando a la persona naturalmente, como las flores de Jacarandá que se asoman por las claraboyas de la escalera del subsuelo hasta dejarte en el hall y su patio de agua rebosante de Alocasias y Nenúfares. Es un sinfín de visuales cruzadas, lejanas, escorzadas que no agota paisajes porque dependen exactamente del espectador.


Permanencia, diversidad e ideas sostenibles

Ser sostenible nos deja en el inicio de esta memoria: el equilibrio. El objetivo es lograr equilibrio entre tres aspectos, el medioambiental, el social y el económico; descubrimos que la diversidad es una herramienta que requiere del equilibrio y por tanto un buen aliado de la sostenibilidad.

Recientemente nos anoticiamos que un grupo de jóvenes utiliza el artefacto[8] que creamos para dar acceso y privacidad al edificio de viviendas de un modo diferente, ellos proponen, más bien utilizan directamente, la rampa para saltar en todo tipo de vehículo de dos o más ruedas, se convirtió en un skatepark, lo que confirma que cuando se crea considerando la libertad del usuario (a partir de coartar la nuestra como arquitecto expresionista de formas caprichosas como bien supo explicar Campo Baeza en su libro[9]) se abre una multiplicidad de posibilidades desconocidas en la idea original o la propuesta inicial.

Por esto siento necesario contar dicho equilibrio desde los resultados, desde las experiencias del habitar y no desde el proceso de pensamiento generador del proyecto.

Es difícil explicar cada uno de estos tres aspectos, el social, el ambiental y el económico por separado cuando cada decisión proyectual imprime una reacción, una consecuencia en los tres, voy a valerme de algunos ejemplos:

Pensando en el encuentro entre vecinos (factor social) propusimos los ensanches de circulación que a su vez crean un patio de acceso a la unidad. Esto genera una extensión, una apropiación del espacio público y común inmediato, lo que potencia el cuidado y mantenimiento de esas superficies porque son “un poco suyas”. El cuidado personal impacta en el cuidado colectivo, disminuyendo los gastos de mantenimiento (factor económico) y el sentir pertenencia genera que la puerta de acceso se convierta en ventana y, que toda esa ventilación que se pensó para el edificio y sus fachadas internas se traslade al interior de cada vivienda logrando ventilación cruzada (factor ambiental), que nuevamente impacta en la disminución del uso de energías como electricidad (factor económico y ambiental) y propicia la vecindad de puertas abiertas y la seguridad (factor social nuevamente)

Se crearon por piso espacios para la basura y su clasificación (factor ambiental) esta posibilidad brinda información a las personas que aún no clasifican residuos y facilita su ejecución a través de realizarlo en comunidad y disponer del espacio para dicha tarea. Ese pequeño sector común genera necesidad de acuerdos y de respeto (factor social) y el reciclaje de los residuos impacta en el barrio potenciando recolectores zonales y micro emprendimientos de reciclaje (factor económico).

El uso de vegetación como un material de construcción genera una disminución del asoleamiento sobre los ventanales y así una disminución de las temperaturas en verano, al haberse elegido plantas autóctonas y caducas facilita la obtención de energía solar en el invierno permitiendo el sol ingrese a los espacios interiores reduciendo la amplitud térmica entre estaciones del año y disminuyendo el uso de energías como electricidad (factor medioambiental). A su vez, el cuidado de la vegetación requiere de educar a los habitantes, acercarlos al conocimiento de la naturaleza y sus ventajas para el hombre y sus ciudades, nuevamente aparece el respeto, el encuentro, el acuerdo, el consenso, a través de la experiencia de sus beneficios en primera persona y no del discurso. Si bien el mantenimiento de la vegetación genera gastos económicos comunes, se buscó disminuir el resto de gastos que normalmente se atribuye a la vivienda colectiva. Optamos por materiales nobles en la construcción, que admitan el paso del tiempo y el cambio de apariencia, así como nosotros sufrimos en la piel el paso de los años. Aceptar la transformación que imprime el tiempo y valorarla es un cambio de paradigma colectivo que transitamos como sociedad occidental y que a la vez concierne a la arquitectura. Espero algún día nos parezca irrisorio haber pretendido que nuestras moradas no envejezcan mientras nosotros sí.

En todo el edificio utilizamos materiales que permitan el buen uso sin recurrir a mantenimientos costosos, y es que la arquitectura nos sobrevive...

Por esta cadena de causa consecuencia consideramos que Ocampo es un edificio sostenible.


Un cuento que es anécdota

A los veintiséis años, siendo éste el primer proyecto de gran escala, el estudio afrontó el saberse aprendiz en un contexto cambiante dado que la oficina de planeamiento intentaba diferenciar el perfil urbano de Ituzaingó de sus vecinos más próximos: Castelar y Morón. Dichos municipios cuentan con códigos realizados en base al antiguo código de CABA. Lo que genera ciudades de edificios en altura entre medianeras, con dos tipos de lote: los bien orientados y los eternamente mal orientados por la condición de dualidad que dicho código genera en frente y contrafrente a excepción de lotes especiales y escasos.

Por supuesto admitimos que todos nuestros pensamientos serían pruebas, que carecíamos de modelos de ciudad donde referenciarnos, y hasta el mismo municipio dudaba de sus cálculos, cambiando las reglas de juego de mes en mes.

También se abría frente a nosotros la posibilidad de sentar jurisprudencia proponiendo algo auténtico y pensado únicamente para ese sitio. Recuerdo que en ese momento había sólo dos edificios de enormes dimensiones, uno terminado, el otro en construcción, con una zonificación de mayor densidad, ambos en esquina, sin tomarla, simétricos y de planta baja completamente privada. Ahora pienso que replicaban las construcciones de lo que aprendimos en otras ciudades: edificios entre medianeras con cocheras en planta baja.

Después de dos años, dos cambios de zonificación, un artículo que aún intentamos identificar por el cual nos solicitaron cambiar el ascensor, y una diferencia de hecho en la superficie del lote, logramos obtener el permiso de obra.

Un cambio de zonificación después, teniendo habilitado la construcción de dos pisos más, nos mantuvimos en los cálculos estructurales de los que disponíamos, por eso en breve el edificio se verá rodeado de un contexto de mayor altura.

Mientras realizábamos al fin las excavaciones descubrimos que la casa del vecino flotaba sobre una cámara antigua de bovedillas de ladrillos, desde nuestra tronera se veía como un túnel sin fin. Le avisamos. No hubo quien lo convenciera de rellenar ese pozo con hormigón.

Nuestro proyecto no submura su medianera, sino que deja una separación que hoy en día es macetero entre la medianera y la pared del subsuelo, y habilita el crecimiento de vegetación a partir de un imprevisto. Cuando descubrimos el pozo decidimos implantar el edificio sobre la línea municipal y dejar los sesenta centímetros que teníamos de más en el lote real sobre esa medianera, ampliando el vacío reglamentario y favoreciendo la expansión de planta baja. El vecino, contento.

El día que sacamos el cerco de obra, la gente comenzó a asomarse, a espiar lo que siempre verían como parte de la ciudad, lo no vedado. Recuerdo a dos niñas con su padre, fue inmediato, se soltaron de su mano y empezaron a experimentar su equilibrio a través de caminar por el tabique bajo, saltando escalones, corriendo por la rampa y girando en el futuro estanque. Me gusta pensar que, si bien hay muchas rampas y escaleras, si bien hay muchos artefactos y espacios cedidos, éste invita a través de su atmosfera y proporción, es decir, a través de su lenguaje, a ser vivido sin pudor y en armonía con el sitio.

[1] Oficio, del latín officium ‘servicio, función’, derivado de opifex, opificis ‘artesano’, formado este de opus, operis ‘obra’ y facere ‘hacer’. De la familia etimológica de hacer. [2] Real Academia Española [3] Empresa distribuidora de energía eléctrica en esta parte de Gran Buenos Aires. [4] Silvina Ocampo fue escritora poeta y cuentista argentina, nacida en 1903 y difunta en 1993. [5] Ocampo Silvina, Sessa Aldo, 1979, Arboles de Buenos Aires, Buenos Aires Argentina, Librería La Ciudad. [6] Ironía respecto del imaginario colectivo donde es habitual considerar la privacidad de una vivienda agrupando dormitorios y aislando el área social. [7] Idea desde la cual surge el armado programático de la tipología Aguaribay. [8] Objeto formado por un conjunto de piezas y fabricado para un fin determinado, en especial el que no constituye una máquina, aparato o dispositivo definidos [9] Referencia al libro La Idea Construida de Campo Baeza Alberto

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